domingo, marzo 09, 2008

Copiar lo bueno..

El titulo de este post hace referencia de lo que viene a continuacion, creo mucho en el derecho de autor y dar los honores a quien corresponda y en lo absoluto quiero hacer mio lo que leeran a continuacion, por eso dejo claro que lo lei en el blog de una persona que aprecio mucho y lo copio aqui. Dicho post interpreta mi mas profundo sentir y es algo que viene a continuar el post anterior que escribi relacionado con Vivir la Vida Bella.

Copiare el texto tal cual para los que pasen por aqui y puedan tener la instancia de reflexion..



Intro: Cristian Warnken es un periodista Chileno que perdió a su hijo de 4 años este verano. Y el escribio lo siguiente:

Cristián Warnken
Jueves 06 de Marzo de 2008

A ti

A ti que lees estas líneas, que estás bajando por una de las tantas autopistas de la ciudad en esta mañana de marzo o, tal vez, estás en un vagón del Metro -con la mirada extraviada, como todos los que viajan a esta hora-, o paladeas el primer café y recorres distraído las páginas de este diario, buscando algo que no sabes qué es. A ti, que llevas a tus hijos al colegio y que acabas de no escuchar una pregunta que te hizo tu hija más pequeña, porque estabas pensando en otra cosa. A ti, que acabas de salir de la ducha y te ves un instante en el espejo. A ti, que pasas rápido a mi lado y casi me empujas y no me ves. A ti, que -con apenas 18 años- te levantas con el tedio pegado en el alma y te enchufas al computador para no abrir la ventana de tu pieza que da al jardín. A ti, que miras a tu marido todavía dormir a tu lado, y ves su nuca y su piel gastada, y sientes en el centro de tu pecho un hueco, la sensación de un cansancio del que quisieras huir a miles de kilómetros de ahí. A ti, que estás comprando el pan sin emocionarte con su olor y su temperatura. A ti, que entraste al cajero automático y descubriste que el saldo de tu cuenta era negativo, y sientes miedo, rabia, angustia. A ti, que acabas de dejar a tu niño en la sala cuna y te fuiste sin cantarle esa canción "que a él tanto le gusta". A ti, que acabas de entrar en la oficina y te dispones a iniciar un día igual a todos los días, trabajando sin amor por lo que haces, como pieza de un engranaje que te devora.

A ti quiero agarrarte de la solapa, del brazo -con respeto, pero con fuerza-, a ti quiero detenerte en tu carrera loca y decirte lo que tal vez nadie te ha dicho nunca, porque no se enseña en los colegios ni aparece en los diarios. Yo no soy nadie para quitarte cinco minutos de tu atiborrada y desesperada agenda, soy uno más entre los millones que bajan esta mañana a comenzar un día más en la ciudad. Entonces, ¿por qué habrías de desconectarte de tu "iPod" o apagar tu celular para escucharme? Pensarás acaso que soy un predicador más, un vendedor de seguros, o alguien que quiere robarte a plena luz del día. Sé que me mirarás con recelo, con molestia, con desconfianza.

A ti, que me oyes pendiente de tu reloj, quiero decirte, antes de que desaparezcas devorado por la multitud: "El hombre es desgraciado porque no sabe que es feliz. ¡Eso es todo! Si cualquiera llega a descubrirlo, será feliz de inmediato, en ese mismo minuto. Todo es bueno".

¿Y eso era todo? -me dirás-. Sí, y te digo: todo lo demás, fuera de eso, es nada.

Si te he agarrado de la solapa y te he abordado a esta hora de la mañana de este jueves que escribo es para decirte que eres feliz y no lo sabes. Y que eso que te dije lo dijo una vez un hombre como tú, que se llamó Dostoyevski. Y yo, ¿quién soy para hablarte así, para entrar en tu privacidad y leerte la cita de un ruso que no conoces? Yo soy el muerto. Yo estoy muerto, tú estás vivo.

¿Muerto tú? -me dirás-. ¡Pero si puedo tocarte y verte y oírte!

Sí, pero estoy muerto. Yo me levantaba en las mañanas como tú, prendía la radio como tú, paladeaba un café como tú, miraba distraído las primeras nubes en el cielo, y llevaba a mi hijo al jardín, y no sabía que era feliz, que estaba vivo. No lo sabía, como tú no lo sabes, como no lo saben tantos que no pisan con placer las primeras hojas del otoño, que no se detienen a ver los primeros rayos de luz colarse por la ventana para entibiar la piel del o la que duerme todavía a tu lado.

Pero esto, en realidad, no me lo enseñó Dostoyevksi, sino mi pequeño hijo Clemente, un niño como millones de niños que en este momento son llevados al colegio, un niño que me hizo una pregunta que no escuché una mañana de un jueves como hoy. ¡Eres feliz y no lo sabes! Eso es lo que enseñan los niños que mueren, eso lo aprendemos de un golpe los que morimos con ellos, eso es lo que los vivos como tú no pueden escuchar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Haloha, Como estás hoy?, he visitado tu blog, y he leído con atención lo que en él has copiado, y cuanto de cierto hay, en esa busqueda insensata de la "felicidad" uno no se da cuenta que la tiene, no la ve y resulta que la tiene entre sus manos, pero en fin, la felicidad es una sumatoria de instantes que hay que saberlos atesorar para cuando ella no se deje ver...Yo puedo decir y escribir lo que escribo con propiedad...

Anónimo dijo...

Hola, hoy que me he repuesto un poco del texto escrito por este periodista, quiero tratar de ordenar mis pensamientos y escribir algo coherente pero no por eso menos experiencial, en la vida de un padre oh una madre no existe dolor más grande que la pérdida de un hijo, sea de la edad que este sea, siempre es un hijo, en el caso de las madres talvez la perdida sea mucho más dura ya que lo llevan dentro de sí durante nueve meses y son las que primero lo hacen carne...Y es muy cierto aquello que con el debenir del ajetreo diario, con la lucha constante, con la vida azaroza que se lleva hoy por hoy, no nos dejamos tiempo para mirar a los ojos a nuestros hijos, para verlos sonreír oh detenernos ante sus lágrimas sean esta por las razones que sean, incluso un berrinche.Es tan grande la lucha por mantenernos ya sea en el puesto que ocupamos oh en el trabajo que tenemos que nos olvidamos de detenernos en esos pequeños gestos que nos hacen felices, pero débiles y mortales a la vez.
Hoy cuando han pasado muchos años miro hacia atrás, veo como se pasaron los años, recuerdo una pequeña que no quería sacarse una foto en una plaza y armó un enorme berrinche, veo a un niño pequeño que le tenía miedo a una aspiradora y lloraba cuando veía una y ese mismo pequeño no se quería subir a un ponny de una plaza y solo acepto hacerlo tomado de la mano. Hoy a esa pequeña le encanta sacarse fotos y al pequeño me consta que hasta fue dueño una bella potranca.
Es la vida que va trancurriendo con dolores y errores.
Nos encontramos viviendo la Cuaresma, un tiempo muy especial para los Católicos Cristianos, un tiempo que nos recuerda el sufrimiento de Cristo ya que El sabía tenía que cumplirse, sí tenía que cumplirse ,porque Dios lo había enviado para que nos regalara con su Pasión, Muerte y su Resurrección, la esperanza de una Vida Eterna. Y es en ese lugar donde un día nos encontraremos los Padres con aquellos hijos que se han marchado antes...

Anónimo dijo...

es increible ...
las cosas simples estan en frente de nosotros ante nuestros ojos...
un abrazo de nuestra familia, un beso unos labios que ya conocemos... un aroma que todos los dias la sentimos pero que ya incluso a perdido su olor...

todas esas cosas juntas y mas son la verdadera felicidad...

besos hermana...